Bueno, pues hace como una semana me dieron mi título de maestría en latin american studies. Big deal. La verdad es que nunca pensé que tantas horas de desvelo sintiera yo que valían taaaan poco. Ahí tienen todos los libros que leí, todos los reportes, documentos, ensayos, etc, amontondos en unas enormes cajas que, Dios quiera, no voy a volver a abrir en mucho tiempo. Más todos los ensayos, reportes etc que tuve que escribir a lo largo de tres semestres. Recomendación muy recomendable para todos aquellos que quieran hacer una maestría: no lo hagan. A menos que tengan la firme intención de hacer un doctorado. O a menos de que la vayan a hacer en algo que al parecer sí paga, o al menos, y por alguna razón por demás oscura para mí, sí es reconocida, como negocios.
Me siento bastante en mi derecho de estan tan agria hacia el mundo académico. Tres semestres codeándome con la crema y nata de la sociología -incluído mi muy famoso y documentado viaje a Harvard-me dejaron bastante claro que no hay nada más detestable que estar entre gente que se la vive quejándose de la situación del mundo y a parte está convencida de que todo lo puede solucionar con unas cuantas encuestas, datos de alguna ong, y conferencias. Hippies. Los tengo a todos hasta el gorro.
Y en este evento catártico (o catársico, vayan a saber), me encuentro, con la noticia de que planeo aventarme otros tres años de escuela. Pero al menos esta vez, cuando me den mi diploma, tengo aseguradas ofertas de trabajo (que, muchas gracias, ni mi mención de excelencia me dio al salir del Tec), un buen sueldo, y al menos la esperanza de que voy a hacer algo con mi vida y que puedo, ahora sí, hacer algo por alguien más.
Addendum: Diré con júbilo que lo mejor de esto de la graduación fueron dos cosas. Número uno, terminar con esto de la maestría, y número dos, ver a mi familia y a la familia de Misha y pasar unos días estupendos en NO
jueves, 31 de mayo de 2007
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