jueves, 7 de junio de 2007

Debates filosóficos

En algún momento de la vida (pudo haber sido la prepa o la universidad, no estoy segura), tuve un profesor que dijo que le chocaba la gente que decía que le gustaba "filosofar", o que se iban a Sanborns a "filosofar sobre la vida", etc etc. Porque la filosofía es una ciencia, con todo y su método y nosotros, pobres mortales de a pie, no podemos darnos el título de filósofos.

Por alguna razón recordé eso hace algunos segundos, y me hizo pensar si en verdad ninguno de nosotros puede decirse filósofo o darse el gusto de filosofar en Sanborns (o Starbucks, para que duela más la analogía... o bien la taquería de la esquina). Desde hace algunas semanas leo los blogs de mis amigos, o sus comentarios o sus fotos en hi5, y había algo en ellos que no podía ubicar del todo pero que me estaba haciendo mucho ruido. Y ahora me doy cuenta que lo que me hacía tanto ruido era ese comentario de ese profesor oscuro sobre los filósofos y la filosofía. Cuando pienso en mis amigos y en todo lo que han logrado, en todo por lo que hemos pasado juntos, o desde lejos, todas esas cosas de las que me he enterado, o mejor aún, esas de las que no tengo idea, me doy cuenta que todos y cada uno de ellos son las fantásticas personas que son hoy por que, lo quiera o no mi profesor, son filósofos y han ido filosofando por la vida, encontrándole sentido y significado.

Achaco todos estos pensamientos y sentimientos a una nostalgia inconstante que me ha estado acechando desde hace algunos meses. Supongo que es consecuencia de las circunstancias: las altas y las bajas, el abrir los ojos, el arrodillarse, el hacer recuento de daños y de logros. Supongo que es eso de hacerse adulto, o al menos el darse cuenta que por más que se quiera, hay partes de nosotros que no podemos proteger por más tiempo de la adultez. Y es, a la vez, el sentimiento desafiante de, a la espartana, de defender nuestra niñez e inocencia.

Bottom line, estos círculos filosóficos en los que crecemos son los que nos dan la fortaleza para seguir caminando. Son los que nos dan los motivos para poner un pie adelante de otro y seguir avanzando. Son los que, aún con los ojos cerrados, nos enseñan el camino.

lunes, 4 de junio de 2007

Risposta

Mony y Enrique tienen toda la razón. Hay cosas buenas que salen de la maestría. Lo quiera una o no, se aprenden cosas por aquí y por allí. Y no se tienen las tensiones y responsabilidades de un trabajo.
Además de eso, te da la oportunidad de conocer gente. Yo por ejemplo conocí a mi Misha. Si bien no lo conocí directamente por la maestría, pero lo conocí en la universidad. Y eso se presta a que refuerce mi comentario de que el ambiente universitario es perfecto para conocer a un significant other.
Así que, si bien la experiencia académica no sea lo mejor, el tiempo universitario sí lo es.
Grazzie a vuoi due